El humanista Étienne de La Boétie (1530-1563) autor del Discurso de la servidumbre voluntaria es también conocido por su amistad con Montaigne según el cual dicho Discurso habría sido escrito cuando La Boétie tenía entre dieciséis y dieciocho años, “en su primera juventud, en homenaje a la libertad contra los tiranos”[i]. Si se tiene en cuenta la madurez del texto, es probable que lo haya modificado más tarde cuando era estudiante en la Universidad de Orléans.

Este escrito fue utilizado en diversas ocasiones en la historia de Francia bajo la apelación de El Contra uno cuando el pueblo se rebelaba contra la autoridad monárquica. La potencia subversiva de la tesis desarrollada en el Discurso no ha sido nunca desmentida. Aunque sería anacrónico calificarla de anarquista, esta tesis tan original y moderna sigue resonando actualmente en la reflexión libertaria sobre el principio de autoridad.

El joven humanista bordelés buscaba explicar el sorprendente y trágico éxito que conocen las tiranías de su época. Alejándose de la vía tradicional, La Boétie dirige su atención no hacia los tiranos sino hacia los sujetos privados de su libertad. Y formula una pregunta que perturba: ¿Cómo es posible que “tantos hombres, tantos pueblos, tantas ciudades, tantas naciones soporten a veces un tirano que no dispone de más poder que el que se le otorga?”[ii]

La originalidad de la tesis de La Boétie está contenida en la asociación paradojal de los términos “servidumbre” y “voluntaria”. Contrariamente a lo que muchos imaginan la servidumbre no sería forzada, sería totalmente voluntaria. ¿Si no es así, cómo concebir que un pequeño número obligue al conjunto de los otros ciudadanos a obedecer tan servilmente?

“Es verdad que al comienzo uno sirve obligado y vencido por la fuerza; pero los que vienen después sirven sin disgusto y hacen de buen grado lo que los precedían habían hecho por obligación.”[iii]

En efecto, todo poder, aun cuando al comienzo se impone por la fuerza de las armas, no puede dominar y explotar duraderamente una sociedad cualquiera que sea, sin la colaboración (activa o resignada) de una fracción importante de sus miembros. Tres siglos más tarde las palabras del anarquista Anselmo Bellegarrigue resuenan como un chasquido en eco a esta tesis:

“¿Habéis creído hasta hoy que había tiranos? Os habéis equivocado, no hay más que esclavos: allí donde nadie obedece, nadie comanda.”

Pero el Discurso no se reduce a este lúcido análisis de la dominación por parte de una minoría gracias a la pasividad cómplice de la mayoría; el adolescente ebrio de libertad lanza en él un ferviente llamado a la insumisión contra los déspotas. Denunciando la servidumbre voluntaria de los pueblos, revela al mismo tiempo cual es el talón de Aquiles de todas las tiranías y propone une salida. Puesto que “no son las armas que defienden al tirano” sino el pueblo que se somete por su docilidad, debería ser posible liberarse del yugo del opresor, aún sin la fuerza de las armas. Ya que “los tiranos, cuanto más pillan, más exigen” y “cuanto más se les sirve más se fortifican”, en cambio “si no se les da nada, si no se les obedece en absoluto, sin combatir, sin golpear, se quedan desnudos y derrotados y no son más nada”.

La Boétie fue así uno de los primeros en pretender que se puede resistir a la opresión sin utilizar la violencia. Puesto que la autoridad construye principalmente su poder sobre la obediencia consentida por los oprimidos, una estrategia de resistencia sin violencia es posible organizando colectivamente el rechazo a obedecer o a colaborar.

Es sobre esta base que se construyeron las numerosas luchas de desobediencia civil que el siglo XX ha conocido y que junto con otras, ha conducido a la caída pacífica de numerosas dictaduras.

“Si estáis resueltos a no más servir, seréis libres”.

Esta es la enseñanza indispensable que nos dejó La Boétie.

[Libro] El discurso de la servidumbre voluntaria – Etienne de La Boétie

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