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Cárceles de menores ¿Las cárceles del futuro?

Los Centros de menores son los laboratorios sociales donde el Sistema experimenta sus futuras técnicas carcelarias y lo hace sobre quienes, de adultas, serán las personas presas del mañana. Por eso, al igual que con la cárcel, el actual modelo se basa en un proceso de criminalización previo, culminado con la Ley de Responsabilidad Penal del Menor del año 2000. Esta ley se complementa de un reglamento interno para los centros de menores que, bajo el nombre de «correcciones educativas» esconde una nueva gama de sanciones con las que se pretende controlar todos los aspectos de la vida de la persona: los centros de menores cuentan con áreas de aislamiento e incomunicación similares a las de adultos, con grados y divisiones regimentales, con hacinamiento y carencia de asistencias sociales y sanitarias, etc. Así que convertidas en cárceles para menores, en estos Centros educativos nos encontramos con realidades muy parecidas a las de prisión: torturas a menores en centros de Madrid, en Canarias, ante las denuncias de los familiares, la policía nacional registró las dependencias de los «educadores» en un Centro de menores, incautándose de materiales antirreglamentarios que iban desde porras eléctricas y sprays anti-persona, hasta cadenas y cepos decimonónicos.

Pero el más preocupante de todos los aspectos referidos a los Centros de menores, por condicionar todos los demás, es el hecho de que la gestión de muchos de ellos la realizan organismos privados, en teoría asociaciones sin ánimo de lucro, pero en la práctica empresas encargadas de beneficiarse del sufrimiento de personas, que además son menores. Esta privatización de la gestión supone que existan reglamentos internos (redactados por estas asociaciones) de obligado cumplimiento. El resultado llega al absurdo de que en algunos centros es «sanción leve», mirar por la ventana al exterior del recinto (un absurdo que supone que mirar tres veces por la ventana conlleve una sanción de aislamiento en celdas).

Los centros de menores son auténticas cárceles que funcionan (gracias a su privatización) peor aún que las cárceles para personas adultas: hay denuncias por palizas, por violación y agresiones sexuales (3 chicas denunciando en Madrid y un chico denunciando en Canarias), aislamientos prolongados, sobremedicación psiquiátrica, abusos de poder… En esas condiciones se tiene a miles de personas. Estás personas, educadas en un sistema punitivo «privatizado», quizá no protestasen tanto si en un futuro próximo se privatizara totalmente la gestión de las cárceles para personas adultas… y quizá por eso las tengan así.

Dossier: La carcel desde dentro y desde fuera (IV)

 

Extraido de la revista numero 33 de Ekintza Zuzena 

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